Marta Torres Molina

La presidenta de la Fundación Conciencia, que recibe este 19 de octubre el Premio a la Acción Social, reclama más recursos en la Justicia

En su viaje de novios a Calcuta, Marisina Marí tenía la intención de usar de forma solidaria parte del dinero que les habían dado para su boda. «Pero no era tan fácil y volví con el dinero», recuerda. Justo en ese momento Amanda Pi, que llevaba una fundación medioambiental, tenía pensado parar. Pero la animó a coger la fundación y dedicarla a aquello que quisiera. Así, en 2008, nació Fundación ConcienciaPremio a la Acción social de los Premios Diario de Ibiza por su labor ayudando a los menores que sufren malos tratos y abuso sexual.

¿Qué supone para Fundación Conciencia este premio?

Visibilidad. Desde el principio empezamos a trabajar con casos que no podían tenerla y no aparecíamos en los medios. Luego vimos que si salíamos llegaban ayudas, apoyos y, sobre todo, más casos. Teníamos que abandonar esa discreción que nos llevaba a que todo fuera pequeño: no acceden tantas personas, no llegan tantos recursos… Decidimos que era mejor estar ahí, pero no tenemos recursos para publicidad, un premio de estas características es un regalazo para todos los niños con los que trabajamos.

Cuando se habla de maltrato o abuso infantil todo el mundo piensa que eso no pasa en su entorno.

Sí. Las estadísticas de Save The Children hablan de que tres de cada diez adultos han sufrido abuso en su infancia. Cogía el dato con pinzas. Si estás con diez amigos, a tres les ha pasado, si estás en una clase de la universidad con cien personas, 30 lo han pasado. Piensas que igual la estadística es de otro sitio, que hay algún sesgo. Pero cuando la gente sabe que estás trabajando en esto, que la puedes entender o que a través de su testimonio puede ayudar a otros, te lo cuenta. Y ves que esa cifra es cierta.

¿Qué consideran abuso o maltrato infantil?

Las cosas que hacen sufrir a los niños. Hay muchas tipificaciones, pero nos falta usar el sentido común de lo que es el maltrato. Para un niño puede ser que su padre o su madre no le escuchen o que le hagan según qué comentarios. Quizás ese niño sufre más que otro al que le dan una bofetada. Luego hay grados y muchos aspectos a tener en cuenta. Hay psicólogos que dicen que es mejor que un niño sufra un maltrato leve dentro de su familia, a la que intentas ayudar, porque si lo separas de ella también sufre. A veces hay que compensar.

¿Entraría el ‘bullying’?

Sí, es un tema con el que vamos a empezar a trabajar. Desde otra perspectiva. Se enfoca en la educación del niño y el foco, para nosotros, está en los adultos. A veces estoy en reuniones y se usa un humor presente en el bullying. Son buenas personas, pero no son conscientes de lo que hacen y de la repercusión que tiene: lo hacen delante de sus hijos y los niños no tienen el filtro del adulto, que lo hace por detrás y lo calla frente a esa persona. El niño lo dice de cara. El bullying es un tema muy grave. Hay niños que sufren muchísimo, tienen ansiedad, se quieren suicidar. Y eso es un tipo de maltrato. Ahora estamos viendo mucha ecoansiedad. Sienten pánico porque el mundo se acaba. Se dan ciertas informaciones para crear conciencia, pero hay que crearla desde el conocimiento y el sentido común, no desde el miedo. El mundo se puede mejorar, pero no es un desatre. La mayoría de la gente es buena, pero se pone el foco sobre los malos y si los buenos no hacemos nada, no mejora. ¿Qué hijos salen de padres que están pensando por qué los han tenido? Niños con miedo.

¿Cuántos casos tienen abiertos?

Ahora mismo, 60. Y no sólo niños, también chicas de entre 20 y 25 años que nunca habían hablado de ello. Ahora hay más información y deciden denunciar y recibir tratamiento. Estamos trabajando con una terapia que descubrimos a través de Save the Children: EMDR. Los resultados son espectaculares. Niños que habían estado dos años en terapia sin avanzar, con tres sesiones de EMDR han hecho un cambio… No es milagroso, nada lo es, y hay un proceso, pero es muy efectivo.

¿En qué consiste?

Estoy abierta a todo, lo alternativo y lo científico, porque la ciencia se construye a base de cosas que al principio no lo son y que se demuestran. Se usan los movimientos oculares durante el sueño para desbloquear traumas. Se necesita una formación de años y hay un protocolo.

¿Es difícil lograr recursos para una labor soterrada como la suya?

Sí, es difícil cuando no eres visible. Es lo que nos pasaba al principio. Ahora, con la visibilidad en los medios, es más sencillo. Nos conocen, vas con un aval. Poniendo este premio en la web, por ejemplo, la gente ve que funcionas, que tienes solvencia, y si le pides una colaboración a alguien que no te conoce confía en esto. Si no, sólo se fían las personas que te conocen y que saben que no te vas a quedar el dinero. La mayoría de la gente es solidaria, pero necesita algo concreto, un proyecto claro. Ahí la gente se vuelca, pero no es sencillo. Ver el problema es muy fácil, pero hacer las cosas concretas para que ese problema se solucione con todas las trabas que te ponen es difícil.

¿Cómo está la justicia en la isla para los casos que llevan?

Totalmente falta de recursos humanos. Es escandalosísimo lo de la psicóloga forense. Sólo hay una y está desbordada. Vamos a pedir una entrevista con el nuevo juez decano. El anterior lo intentó, pero no estaba en su mano. Primero creíamos que era un tema económico, pero si no hay recursos, se sacan. Propusimos un convenio al TSJIB en el que nos ofrecíamos a pagarlo todo, todas las evaluaciones. Nunca han contestado.

¿Cómo puede ser?

Supongo que les da miedo que esto salga del sistema judicial. Pero si ellos no pueden hacerlo, alguien lo tendrá que hacer y existen listas de profesionales acreditados por Justicia para eso. A un juzgado no le puedes donar ni una papelera. Si quieres decorar una sala amable tienes que pedir 800 permisos para poner una pegatina. Ni el juzgado tiene los medios necesarios ni el sistema deja que los demás los proveamos. Hemos tenido un niño con el que llevábamos dos años esperando al informe forense. Al final se nombró una psicóloga de esa lista e hizo un trabajo brutal. Ganándose la confianza del menor. Los niños confían en ti cuando estás, pero sobre todo cuando saben que vas a seguir. Además, cuando la psicóloga forense está de baja se tardan cinco meses en nombrar a otra. Y si luego está un día más de baja te quedas sin. Puedo entender que empieces de cero el proceso, pero no que la sustituta se tenga que ir.

¿Me lo está diciendo en serio?

Sí. Estamos hablando de un niño que sigue en una situación de maltrato porque no cambiamos un protocolo de selección de psicólogo. Si hay diez te puedes permitir uno de baja, pero si sólo hay una no puedes quedarte sin psicólogo forense.

¿Han tenido casos de urgencia? ¿Sacado a un menor de su casa?

Sí, hace poco hemos tenido uno que está ahora en el centro de menores. Una niña. 16 años, aún es una niña. Con un intento de suicidio. Tocamos a todas las puertas y al final quien solucionó la situación fue la Unidad de Familia y Atención a la Mujer (UFAM) de la Policía Nacional. Los demás… «Es que por la tarde no tenemos este servicio», «es que eso es más bien de tal»… En violencia de género hay un protocolo claro, pero con menores no lo está tanto. Vas a un sitio y no, a otro… Piensas que como tienen abierto el caso en un dispositivo ya lo conocen y es más fácil. No. Mi recomendación es ir a la UFAM.

La Casa del Menor ha sido uno de sus caballos de batalla.

Estamos encantandos porque está ya en proceso. Lo que me preocupa es que si no se ponen los medios necesarios no habremos avanzado. Si continuamos con una única psicóloga forense, atienda en el juzgado o en la Casa del Menor da igual. Hace falta dotarla. No se puede esperar más. No puedo entender que siga así, este colapso, sobre todo cuando el juzgado está obligado a tener un psicólogo forense específico para violencia de género. Eso permitiría que se descongestionase todo lo demás. Si tienes una ley, cúmplela.

¿Las familias entienden su trabajo o se les enfrentarn?

Lo suelen entender. Les explicamos que ni juzgamos ni tomamos las decisiones, sólo ayudamos al niño y si él nos verbaliza un abuso tenemos que denunciarlo. No estamos diciendo que sea culpable, estamos diciendo que ese niño nos ha contado eso. Me pasó hace poco con un padre, que me dijo: «Me estás acusando». Le contesté que no, que un niño de cinco años me había verbalizado esta situación y la había comunicado al juzgado para que investigara. Como ciudadana, tengo la obligación de hacerlo. Igual que si una mujer te cuenta que cada día le propinan unas palizas tremendas. No queremos que metan en la cárcel a uno u otro, queremos que el niño esté bien. La del padre fue una llamada a mi teléfono, a las diez de la noche. Inadecuada. Cuando estás en algo así te pueden pasar estas cosas y no puedes ir desde el miedo.

¿Lo ha tenido?

El miedo paraliza, la burocracia paraliza. No te dejan avanzar. Eso está muy en la sociedad. El «no quiero decir nada porque es mi vecino», «a ver si me van a decir algo»…. ¿Qué es más importante? ¿Que estés incómodo en el ascensor cuando te lo encuentres o ayudar a un niño que puede estar sufriendo un abuso sexual? No me gusta decir «podría ser tu hijo» porque eso significa que sólo te mueves si es tu hijo. No podemos estar mirando a otro lado por si me salpica.

Tratan casos muy crudos, ¿se le quedan dentro?

La clave está en cómo lo enfocas. Al principio te despiertas por la noche, pasas el día pensando, quieres solucionarlo todo ya… Vas directa a un callejón. Te acaba destruyendo. Y si no estás bien no puedes ayudar a otros. Tienes que ser consciente de que es una realidad que va a existir mucho tiempo y que no todo depende de ti. Aunque no se solucione un caso, lo poco que hayas hecho, sirve. Es importante que los niños vean que hay personas que les quieren ayudar, que intentarán cambiar las cosas, que vean que el mundo es bueno.

Eso no es fácil.

No, imagina un niño de cinco años que sufre abusos y se lo cuenta a su madre. Ella denuncia, pero tienen que seguir las visitas con su abusador. Ese niño no es consciente de que hay una persona por encima de su madre, el juez, que le obliga. Si no lo lleva, le quitan al niño y se lo entregan al padre. Él ve que se lo ha dicho y que ella le sigue llevando a esas visitas. Luego ese niño va a un juzgado, lo cuenta todo, pero no le creen y deciden que tiene que volver con el padre. Mira, si va a pasar eso, es mejor que ese niño no hubiera dicho nada. Pensaría que tiene un padre malo, pero que si se lo dijera su madre le ayudaría. Decir lo que le está pasando y que no se solucione nada supone no que le haya fallado una persona sino que le ha fallado el mundo. Que ese niño tenga personas que le quieren ayudar, que siguen, recurren, vuelven, hablan con el padre… Es importante para que no tire la toalla ante la vida.

Algunos casos acaban bien, ¿no?

Sí. Mira, tenemos un niño cuya madre sigue colaborando con nosotros. Ese niño una vez nos dijo que de mayor sería político porque quiere cambiar todo lo que funciona mal. Esa parte es bonita. Lo que le ha pasado estará siempre ahí, pero ha visto cómo ha luchado su madre, y nosotros, y que el sistema judicial funcionó. Ese niño nos donó 50 euros que le acababan de dar por su cumpleaños [llora] en un telemaratón. «Es para que ayudéis a niños como me habéis ayudado a mí», dijo. Tenemos otro niño, en cambio, que se quiere suicidar. Ya lo ha intentado. Dice que esto no funciona, que el mundo no funciona, que le dan palos por todos lados y que él es muy pequeño y no puede hacer nada.

¿Cómo llega un niño a eso?

Tiene diez años y el abuso, extrafamiliar, fue hace tres o cuatro. No tenía orden alejamiento y tenía a esta persona todos los días en un bar delante de su colegio. Lo veía y no quería ir. Se metía debajo de la mesa y si al salir le volvía a ver llegaba a casa y se metía debajo de la manta. Hay muchos bares en la isla, ¿qué necesidad hay de ir a ése? ¡Ahora hemos conseguido la orden! El niño, que está en el programa de prevención del suicidio, va tranquilo al colegio porque sabe que no se lo va a encontrar. Ese niño, tras tres o cuatro años de los abusos, no tiene una evaluación forense. Hemos pedido a Fiscalía que nos la deje hacer. ¿Sabes qué pasa? Que al no tener valoración…

No puede recibir tratamiento.

Exacto, para no contaminar su testimonio. Imagina que el niño quiera hablar con su madre de eso y no puede. Hay que tener los medios para que la evaluación inicial esté hecha en una semana. Es lo que se recomienda en los decálogos del gobierno. Dicen que los psicólogos forenses deben reservar un día a la semana para urgencias. El educador social nos pidió que hiciéramos lo imposible para que empezaran a tratarle, sólo lo estaban conteniendo. En la presentación de la Casa del Menor un representante del Govern balear dijo que había cero personas en lista de espera.

¿Cómo?

Todos pusimos una cara… Levanté la mano. Ese mismo comentario la hizo la exvicepresidenta del Govern en una reunión con unas madres y ellas le dieron seis nombres, porque algunos de sus hijos llevaban mucho tiempo esperando. Hay que tener contabilizados los casos, que no son cero, y luego, poner requisitos asequibles para que los niños que sufren abuso sexual infantil puedan tratarse. Si no lo hacen ellos, que nos dejen hacerlo a nosotros.

Dice que a los niños no se les cree.

No. No queremos que lo que nos cuentan sea verdad. Le he dado muchas vueltas a por qué a una mujer se le cree mucho más fácil que a un niño o una niña. Se supone que los niños tienen menos filtros. ¿Por qué no se les dota de un espacio seguro mientras se tiene la evaluación? Imagina que una niña dice que el novio de su madre le está haciendo algo. ¿Por qué mientras se hace la valoración no está con el padre? Privar a la madre de ver a la niña durante un mes frente al peligro que supone lo que verbaliza esa niña. Es un mal menor. Y hace falta un seguimiento.

¿No lo hay?

No. No hace falta tener toda una infraestructura, puede hacerse con una entrevista por teléfono con los profesores, que ven a los niños todos los días. Se tiene que hacer un seguimiento y para eso hacen falta medios, voluntad y valentía. Nos está pasando con casos, nadie se atreve a hacer nada. Te puedes equivocar, pero tienes que hacer lo que toca. Volvemos al miedo. «Es que tengo que tenerlo todo muy claro», dicen. Sí, para meter a alguien en la cárcel sí, pero para retirar las visitas durante un mes mientras se investiga no hace ser Robin Hood o Supermán.

Habla como si viera muchas veces esta falta de valentía.

Mira, un caso que llevamos. Un bebé de un mes al que zarandearon de tal forma que acabó en la UCI. Tiene secuelas y necesidades especiales. Ese padre tiene otro hijo que le había denunciado por malos tratos y tenía las visitas suspendidas. Pues está teniendo visitas no supervisadas. El niño viene contando barbaridades. ¿A qué estamos esperando? ¿A que le dé otra paliza? Es un niño que tiene cinco años, con rabietas por las secuelas de aquel accidente. ¿Cómo no va a sacar de quicio a un hombre ya desquiciado? Al bebé le encontraron restos de cocaína en sangre y en el pelo. Pues puede verlo sin supervisión por un informe oficial que decía que podía ser que en un intento de reanimar al niño lo hubieran zarandeado. Así, pim pam pum. Como estos tenemos un montón. Hasta uno como el de Rubiales.

¿Perdón?

Sí, una mujer que fue a un psicólogo para trabajar que no sabe poner límites por unos abusos sexuales que sufrió de pequeña. Pues ese psicólogo, en una de las sesiones le acarició la espalda y en la siguiente la besó en la boca. Ella le llamó y le grabó. El Colegio de Psicólogos de Balears ha abierto un expediente. Me preocupa que ese psicólogo pueda trabajar con niños. Ha pasado ahora, con ella con 35 años, pero imagina que hubiera pasado en plenos abusos. Hay muchos casos. Y muy cerca de nosotros. En nuestro edificio e incluso en nuestra familia y no nos damos cuenta. Hay que estar atentos, sin obsesionarnos, pero atentos. Hay que ir tomando partido.

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